Basándome en los textos de Leila Guerriero, 'Arbitraria' y 'Sobre algunas mentiras del periodismo', me doy cuenta que en comparación con ella no sé mucho sobre este oficio, pero sé que me encanta y basta con el amor a algo para alcanzarlo. Leila Guerriero jamás pasó por una facultad de periodismo y escribe en mi revista favorita de todo el mundo, 'El malpensante', Leila no hizo cursos, una especialización o un master pero yo le creo cuando me dice que para ser periodista hay que matar una cosa viva "sean responsables de la muerte. Viajen. Vean películas de Werner Herzog. Quieran ser Werner Herzog. Sepan que no lo serán nunca". Y le creo porque ella lee. Porque sus maestros fueron los contenidos de infinidad de libros que llenaron su cabeza de ideas, conceptos, consejos, recuerdos, reglas y momentos que aunque hagan parte de su conocimiento no impidieron que se creara una personalidad, una voz, una Leila. Y precisamente uno de mis miedos con respecto a esta carrera es perderme entre órdenes perfectos y estructuras exactas de noticias, y que llegue el día en que mis frases no le ericen la piel a nadie. Entonces yo no sería "nadie".
Y dicen que "nadie" lee y aunque es cierto que el porcentaje a disminuido, también es cierto el hecho de que está profesión de palabras se convirtió en un negocio y alguien estableció que para vender hay que publicar poco, frío y específico. Sin quitarle el mérito a la noticia, que es claramente necesaria, creo que se le ha quitado la oportunidad y nos la hemos dejado quitar, de escribir crónicas, como dice Leila, que 'el auge de la crónica' es una gran mentira'. Seguramente no todo el mundo estará encantado de sentarse en un sofá a leer y preferirá ver un reality show, pero seguramente hay mucha gente que no conoce la crónica porque no está a su alcance.
Además, aunque ya no sean tantos, la gente sí lee, de otra manera esta entrada no existiría. La lectura es la base de todo y es muy grave afirmar que nadie lo sabe.
Me imagino que muchos están aburridos por nuestra culpa, porque se nos olvidó contar bien historias, sin dejar de ser reales, pero que lleven a cualquier lector a sumergirse en el relato y navegar junto al autor, viendo con la mente las imágenes, oyendo cada conversación, sabiéndola cierta y emocionante. Tal vez se nos olvidó por el miedo inventado a "morir de hambre".
Pero como recomienda Leila en 'Arbitraria', el periodista debe ser un ser HUMANO, que corre por cada historia, capaz de captar todo, de sentirlo todo. Sin miedo de adentrarse en el alma del relato, valeroso para encontrarse con los desconocido, incluso lo aburrido. Dispuesto a hacer cosas vergonzosas, nuevas, dispuesto a equivocarse, a perder, a caerse y a aprender. Y sobretodo que tenga algo que decir sin perder jamás el respeto por la humanidad que relata.
Son esos retos que propone Guerriero que realizados forman la experiencia de un buen periodista, de uno especial que deje los pasos sembrados en cada hoja de papel. Un periodista como el que quiero ser yo.
Me parece interesante tu reflexión, te faltó aterrizar un poco más eso al caso colombiano.
ResponderEliminarSí la idea era que hablaras sobre el tratamiento de los temas en Colombia
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