martes, 6 de septiembre de 2011

Objetos que ocupan mi sala (A propósito de “Objetos que ocupan mi mesa de trabajo de George Perec”)

Desde que mi tía me lo heredó, el sofá ha sido mi trono. Ha soportado mi ligero peso desde hace casi dos años, cuando llegué a Bogotá, sola. Supongo que alguna vez mi sofá fue beige, hoy es un collage de grises, amarillos pollitos, manchas de té, yogurt, coca-cola y polvo acumulado que se resistieron a salir de los poros de la tela. Cuando mi lucha contra el mugre finalizó, me di cuenta que el asunto se solucionaba poniéndole una tela que salió de una bufanda que nunca usé y que tenía estampado de flores rojas y negras. Llegué al consenso con mi compañera de apartamento, María José, de ponerlo en el espaldar y debo aceptar que el resultado fue muy bueno.
En el sofá nunca falta mi manta morada y mi cojín gris, acompañados de las hojas de lectura torpemente subrayadas que se quedan encima casi todas las noche, luego de mi intensa jornada de lectura. Mi resaltador anaranjado, casi sin tinta, también encuentra su lugar en el sofá, los ganchos invisibles para mi pelo irremediablemente rebelde, una lima, un lápiz sin punta y una crema de caléndula para combatir la resequedad de los labios
Enfrente del sofá esta la mesa de madera maciza, sobre la que cae uno de mis elementos favoritos de mi espacio favorito de la casa, un mantelito de color crudo que en sus extremos tiene varias líneas de conchas. Sobre él está mi planta, un trébol morado que me regaló mi abuela y que parece embrujado o con muy buena suerte porque a pesar de la falta de agua, siempre está retoñando, inclinándose hacia el sol que dependiendo del clima de Bogotá, entra por la inmensa ventana a la que le da la espalda el sofá. En otra esquina hay un platico plateado al que María José, en su obsesión por ocupar todos los recipientes, llenó de unas piedritas vidriosas que recogió en un viaje a la costa con un ex novio suizo que no ha podido superar y que tal vez nunca lo hará. Al lado del platico está un florero que le hace juego y el que claramente fue ocupado por María José con una flor roja de fantasía que le regaló otro ex novio, ese sí superado. En la mesa también está mi toque de desorden crónico que decora todos los rincones de mis espacios, las tazas blancas todavía con la bolsita de English Breakfast Tea adentro, uno que otro envoltorio de brownie y lo que nunca falta en mi vida, un esmalte. El de hoy era de color azul, mañana podrá ser cualquiera de mi colección: fucsia, rosado fluorescente, anaranjado, azul aguamarina ,morado, rojo, verde navidad, rosado más clarito, amarillo, verde claro, azul cielo, vinotinto, vinotinto más claro, café y gris.
Debajo de la mesita están mis pantuflas rosadas con la cara de un cerdito  adelante, mirando un cuadro que compré un domingo en el mercado de las pulgas en Usaquén. Es la cara ladeada de una niña de pelo rubio y largo, adornado por pequeñas flores de todos los colores. Tiene los ojos grandes y cansados, la sonrisa tranquila, como si se fuera a dormir, tal vez se parece a mí.
Justo debajo del cuadro hay dos sillas rojas, de esas que parecen de bar. Creo q nadie se ha sentado ahí jamás, son incómodas y frías pero se ven lindas. Junto al sofá está la pequeña chimenea que no he estrenado por mi miedo al fuego y sobre ella una repisa de mármol que sostiene dos velas, una más grande que la otra, de color beige ambas y que usualmente prendo cuando estoy triste para hacer el ambiente melancólico y dejar salir lo malo para dejarle espacio a lo bueno.
Justo al lado de las velas, puse mis violetas, mis flores favoritas. Hay dos, una se llama Antonia y la otra Emilia. Todos mis amigos creen que estoy loca porque les hablo, pero es que ellas están igual de vivas a mí.
También en esa repisa está la foto de mis papás. Parece que hubiera dejado la imagen de los modelos en blanco y negro que van con los portarretratos recién comprados. La foto fue tomada hace 10 años en una finca en La Calera, posan sentados uno junto al otro mirando a la cámara, mi mamá abraza a mi papá y él le coge las manos. Es la foto que más quiero, de las personas que más quiero y suele ayudarme en los momentos de lectura solitaria en la sala.
A un lado de la foto está el ipod con su amplificador: nunca puede faltar Andrés Cepeda, Carlos Vives, los Beatles, Ana y Jaime, Jarabe de palo, Cold Play, Gilberto Gil, Serrat, Rosario, Calamaro, Vicentico, Fito Páez, Bob Marley, Queen, Caetano Veloso y Bruno Mars.
Siempre he creído que la música es para recordar, hay un momento, una persona que vuelve a la mente con cada tonada y la verdad es que me gusta recordar.
Con la expectativa de seguir llenando mi espacio de recuerdos, he terminado de enumerar los que están en mi sala.


2 comentarios:

  1. : En el final fallas, le quitas el ritmo y terminas justo como dices, haciendo una lista.

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  2. Me gusta, puedo ver el espacio, la relación que tienes con tus objetos, con tu sofá y las flores a las que le hablas. Buen trabajo. También me agrada el tono.

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